Fuerzas de la Situación (V)
La realidad da continuamente información. Corresponde a cada uno interpretarla de manera correcta.
Pero, ¿te has dado cuenta de la cantidad de personas que interpretan la realidad de manera completamente ilógica para que encaje con aquello que quieren ver? Por ejemplo, llegan tarde pero en realidad para ellos no han llegado tarde porque en su cabeza habían quedado a otra hora. O no saben interpretar correctamente un mapa, pero dicen que sí saben. O no comen casi nada y dicen que comen muchísimo. (He elegido ejemplos muy obvios para mostrar hasta dónde puede llegar el absurdo).
No me refiero a la duda legítima de alguien que no sabe cómo interpretar la información que la realidad le está dando. Por ejemplo, un emprendedor en las primeras etapas cuando no sabe si con el tiempo mejorarán los resultados o simplemente su negocio no funciona y debe dejarlo. Es una duda legítima. El emprendedor aún está contrastando su acción con la realidad y necesita un tiempo de respuesta. También es cierto que en este contraste intervienen muchas veces nuestros patrones personales aprendidos: la mayoría no llega demasiado lejos en el recorrido o ni siquiera llega a intentarlo. Pero también están quienes perseveran más allá de lo que la realidad les está mostrando. En este baile con la realidad es conveniente que no interfieran nuestros patrones y que podamos verla lo más desnuda posible.
La razón por la que la mayoría no interpreta bien la realidad no es porque no pueda verla, sino porque no tiene suficiente Poder o Estructura interna para sostener lo que ve. La realidad les devuelve una imagen de sí mismos que perciben como distorsionada y la rechazan. El ego entonces se inventa una narrativa para dulcificar la realidad, aunque para ello tenga que convertirla en algo completamente inverosímil para cualquiera excepto para ellos. En los ejemplos del primer párrafo, el que dice que no ha llegado tarde no quiere verse como incompetente, el que no sabe interpretar el mapa no quiere verse como tonto y la que dice que come mucho no quiere reconocer que tiene un trastorno de la alimentación. Es decir, para muchos, la realidad de manera ocasional amenaza la identidad que tienen de sí mismos y no pueden sostenerla. Estas son las estructuras bajas de la sociedad.
En un grupo más pequeño se encuentran aquellos que sí tienen estructura para sostener la realidad, pero tienen malos patrones aprendidos. La realidad irá mostrando de manera repetida dónde tiene la persona un patrón defectuoso, hasta que finalmente se dé cuenta y se produzca un salto estructural o de Poder. En este caso tenemos los ejemplos de la persona que de manera continuada tiene parejas narcisistas, amigas que intentan bajarla, trabajos mal pagados o, sencillamente, piensa que tiene que dar más y se encuentra con gente que piensa que tiene que recibir más. En todos estos casos no hay un problema estructural permanente. La persona, de manera temporal, no puede sostener no tener pareja, no tener amigos y quedarse sola, o darse cuenta de que en realidad ya aporta valor suficiente. En cuanto la persona puede ver y sostener que esa situación no la va a llevar a donde quiere, se produce el salto estructural o de Poder, que es permanente y afecta a todas las áreas de su vida.
En el grupo más minoritario se encuentran aquellos que tienen una identidad sana y una estructura lo suficientemente alta como para que la realidad no les resulte una amenaza, sino información que pueden utilizar para plasmar en la realidad aquello que quieren. Esto es el Poder.
¿Y qué relación tiene todo esto con la Maldad? La Maldad pertenece a las estructuras más bajas de la sociedad. En su día las comparé con aves carroñeras. No tienen estructura interna para sostenerse y además disponen de una imagen distorsionada de sí mismos que no permiten que la realidad corrija. Intentan tomar de aquellos que se encuentran en una situación estructural de debilidad. Al mismo tiempo, ascienden en la jerarquía social mediante la sumisión, accediendo así a posiciones desde las que aumenta su capacidad para tomar de quienes se encuentran estructuralmente por debajo. Por supuesto, ellos nunca se ven como malos.
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