TRASLADA EL PROBLEMA

Fuerzas de la Situación (I) 

Hace un tiempo, mi vecino derrumbó la casa contigua a la mía para construir otra nueva. A raíz de este derrumbe, comenzó a filtrarse agua en mi vivienda cada vez que llovía. 

Avisé a mi vecino, pero se quitó rápidamente del medio y me dijo que lo gestionara yo con mi seguro.

El seguro lo negó todo. Atribuyó los daños a una supuesta falta de mantenimiento de mi cubierta. Reclamé por todas las vías posibles: que enviaran a otro perito, que consideraran daños que no tenían explicación posible por la falta de mantenimiento, etc. Pero era inútil. Chocaba continuamente contra una pared. Intentaban que reconociera una realidad del todo inverosímil, argumentaban que cómo podía decir que el perito mentía, etc.

Las Fuerzas de la Situación eran claras: unos daños estructurales en mi vivienda tras el derrumbe y unos responsables -el vecino como ejecutor de la obra, y el seguro, con la obligatoriedad legal de responder- que se quitaron del medio. Conclusión: yo asumo el coste total de unos daños que no originé.

Llegué a la conclusión de que no debía de salirles gratis.

Con respecto al vecino, le trasladé el problema: dejó de ser mío y pasó a ser suyo. Hice que el coste de no hacer nada fuera mayor que el de moverse. A partir de ahí, vino a negociar y contrató a un abogado. Conseguí, sin tener que mendigar por ello, que arreglara un muro que había tirado y dejado sin tapar desde hacía casi dos años, y terminó llamando a su seguro para empezar a tramitar los daños en mi vivienda.

Con respecto a mi seguro, me di de baja y presenté una queja ante la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, que fue aceptada y a día de hoy se encuentra pendiente de resolución.

Principios

- El perjudicado es el que tiene el problema la mayoría de las veces, no el causante del problema.

- Si los que tienen que asumir la responsabilidad no lo hacen y no hay consecuencias por ello, no harán nada.


Las Fuerzas de la Situación

Llamo Fuerzas de la Situación a los movimientos que existen dentro de una determinada estructura -empresa, institución, individuo- y que determinan qué acciones se producen y cuáles no. 

Estas fuerzas no tienen nada que ver con la imagen que una empresa o individuo transmite, pueden coincidir o no con esa imagen. Incluso pueden coincidir o no con la percepción que la sociedad tiene de ellos.

Por ejemplo, un servicio municipal creado para defender y apoyar los derechos de las mujeres en caso de violencia. Esta es la imagen que transmite, pero las Fuerzas de la Situación pueden ser otras. Este servicio, en realidad, puede haber sido creado como un acto de propaganda, para proyectar una determinada imagen por parte del partido político que lo originó, sin que exista una intención real de defender nada. En este caso, las Fuerzas de la Situación no se corresponden ni con la imagen que se transmite, ni con la que percibe la ciudadanía. 

Las Fuerzas de la Situación son difíciles de ver porque requieren que la persona que mira se vea a sí misma y elimine cualquier tipo de proyección sobre lo que observa, así como cualquier deseo sobre el resultado que quiera obtener. 

Las Fuerzas de la Situación implican no sólo verlas, sino, sobre todo, sostenerlas. Esta es la parte más difícil. 

Por ejemplo, en un Juzgado en el que de manera habitual el juez titular sobresee denuncias por maltrato. Los abogados que trabajan regularmente en ese Juzgado no es que no vean que prácticamente el total de denuncias por violencia son sobreseídas; lo ven como cualquier otra persona. Lo que ocurre es que no pueden sostener esa Verdad. 

Sostenerla implicaría denunciar a un juez que se encuentra en una situación de poder, arriesgarse a que eso interfiera en casos futuros en ese mismo Juzgado y, por tanto, en la relación con sus clientes; quedarse solos, verse implicados en una demanda por injurias y calumnias; o, simplemente, asumir una realidad que les resulta incómoda.

Por tanto, casi nadie puede ver las Fuerzas de la Situación. No pueden verse a sí mismos, no pueden ver al otro y no pueden sostener la Verdad. 

Pero si quieres plasmar algo en la realidad que no se consigue por los caminos ya transitados, necesitas ver las Fuerzas de la Situación. No porque puedas cambiarlas, sino porque evitará que entres en relaciones o situaciones que son un punto muerto y te permitirá entrar en otras que sí te favorezcan.

¿Qué tienen que ver las Fuerzas de la Situación con la Maldad?

Cuando la Maldad entra en organismos o instituciones, si se le permite, empieza a hacer todo lo contrario de lo que se supone que debe hacer. Las Fuerzas de la Situación, por tanto, comienzan a alejarse cada vez más de la imagen que se tiene de esa estructura.

Volviendo al ejemplo del Juzgado, un malo obtiene una plaza de juez titular. Ha estudiado las leyes y sabe lo que dicen, pero al obtener la plaza se coloca en una situación de poder que le permite actuar con cierta impunidad. 

A partir de ahí, comienza a actuar conforme a su verdadera naturaleza: haciendo todo lo contrario de lo que las leyes establecen, aunque las comprenda perfectamente a nivel cognitivo.


Maldad y Sumisión

 Veo imposible hablar de Maldad sin mencionar la sumisión porque es algo intrínseco a su forma de funcionar en sociedad.

No hay ningún malo que no se someta cuando no está en una posición de Poder. NINGUNO. 

La Maldad, si tuviéramos que hacer una comparativa con el mundo animal, sería como un ave carroñera: sabe que no tiene capacidad para cazar el mamut y que tampoco le corresponde nada en el reparto, por lo que se conforma con lo que dejan. 

Pero el mundo animal no es el del hombre. En la sociedad humana existe la SUMISIÓN, que es el mecanismo por el que la Maldad puede llegar a ocupar escalones altos en una cadena que no le corresponden por el valor que aporta.

¿Qué es la sumisión?

La sumisión es no actuar conforme a tu verdadero ser para obtener un beneficio que no sabes, o no quieres, conseguir por ti mismo. 

La sumisión es, fundamentalmente, ceder tu CENTRO a otro que, a partir de ese momento, pasa a tomar decisiones por ti.

La sumisión o entrega de Poder se ve de manera especialmente clara en el trabajo. La razón no es sólo económica, sino también identitaria. El trabajo presta una identidad -yo soy profesora, médico, abogado- que permite a muchos saber quiénes son y ubicarse en sociedad.

En lo que respecta a las razones económicas, la Maldad no tiene capacidad para subsistir por el valor intrínseco que aporta. Por eso se somete y entra a formar parte de estructuras jerárquicas donde cede su centro y obedece al que se encuentra arriba. Y pueden llegar a escalar muy alto de esta forma. 

¿Son los Malos los únicos que se someten?

No, la razón por la cual la sumisión está tan extendida no es sólo porque interesa a los Malos para obtener beneficios y estatus que por sí mismos no conseguirían, sino porque también interesa a la gran masa Carente que conforma nuestra sociedad.

El Malo se somete cuando no se encuentra en una situación de Poder en la que pueda ir quitando a los demás por doquier, lo que constituye su verdadero ser. El Carente se somete porque su estado natural es NO DAR. Pero ambos, a través de la sumisión, obtienen dinero, estatus e identidad que por sí mismos no obtendrían.

Entonces, ¿cuál es la diferencia realmente entre el Malo y el Carente con respecto a la sumisión?

El Carente, si ve a alguien que no se somete o que no entra dentro del juego o teatro social (aparentar Abundancia cuando en realidad lo que hay es todo lo contrario: Carencia o necesidad de quitar al otro) simplemente lo ignorará o se apartará, pero el Malo no. 

El Malo va a intentar por todos los medios desempoderar a la persona: mediante bullying, juegos de Poder, manipulación, despidos laborales, aislamiento o cualquier otra herramienta que tenga a su alcance, según su grado de Maldad

No todos los malos llegan a matar, violar o pegar, porque no todos comparten el mismo nivel de Maldad, pero sí pueden malmeter a compañeros para aislar a una cierta persona, intentar pagar menos, quitar dinero, no devolverlo si está en posición de hacerlo o hacer gaslighting para manipular a alguien y generarle una culpa que no tiene.

La Maldad, en definitiva, no soporta ver que hay otro que no entra dentro del juego social de la sumisión porque le hace ver sus propias faltas, es un espejo incómodo y, mientras que el carente no hace nada y evita ese espejo, la Maldad hace lo que es intrínseco a ella, RESTAR al otro.