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COLÓCATE EN UNA POSICIÓN DE PODER

Fuerzas de la Situación (IV)

Esta fue, quizás, una de las primeras acciones que llevé a cabo para salir del profundo desempoderamiento en el que me encontraba y comenzar a mejorar mi situación.

Tardé mucho en darme cuenta de que colocarme en una posición de poder era una acción pasiva que, sin embargo, daba mejores resultados que la acción constante, que era lo que había hecho hasta entonces.

Las razones por las que tardé tanto en aplicar esta sencilla, pero muy efectiva estrategia fueron dos: 

1) Fui anulada casi por completo, de manera que el contacto con mi Poder era mínimo. Nunca tuve el recuerdo de quién era antes del maltrato. 

2) Me lavaron el cerebro para convertirme en clase media: "Estudia, saca buenas notas y consigue un empleo fijo". Lo que nunca me dijeron es que, para conseguir esto último, en la mayoría de los casos -sobre todo si estabas anulada, como me ocurría a mí- había que entregar el Poder.

Durante muchos años intenté encajar, sin éxito, en el molde de la clase media. Estudié, saqué buenas notas, aprendí inglés, hice un máster... Era un continuo empujar, un desgaste que me daba resultados mínimos, mediocres en el mejor de los casos y que al final me llevó al aislamiento. Nunca cumplí el sueño de la clase media. Nunca entregué mi Poder.

Pasados los 30, me di cuenta de que no hacer nada me proporcionaba mejores resultados que la acción constante, porque al menos no me desgastaba. Entre obtener el mismo resultado con esfuerzo continuo o sin él, cualquier persona elegiría lo segundo. 

A los 35 años regresé a España, a una casa heredada en un pueblo. Necesitaba muchas reformas, pero era una casa. Ya no tenía que ir por ahí desesperada esperando que alguien me diera un empleo para pagar alquiler, comida y poco más. Además, estaba en mi país, hablaba el idioma y conocía a la gente. 

Fue la primera vez que me coloqué en una Posición de Poder. Y, además, lo hice de manera consciente, sabiendo exactamente lo que hacía.

En este punto quiero aclarar que colocarte en una Posición de Poder no es una receta universal que todo el mundo deba seguir. Del mismo modo que dentro del guión de la clase media también se dice que debes comprarte una casa, creo que, como se ha visto, hacerlo puede colocarte precisamente en la situación contraria y dejarte en una posición muy vulnerable.

No creo que todo el mundo deba comprarse una casa, puesto que hoy supone una inversión muy importante que, mal hecha, puede descolocar la vida de una persona de manera significativa. Tampoco creo que todo el mundo deba emprender, encontrar un empleo estable o preparar oposiciones. Como he dicho, no hay recetas únicas. Las Posiciones de Poder varían de una persona a otra, dependiendo de su personalidad, talentos y habilidades. 

Por ejemplo, para mí trabajar para otros, incluso aunque se trate de una excelente empresa, no me coloca en una Posición de Poder. Me deja encorsetada; aún teniendo libertad para actuar, disminuye mi capacidad creativa, mi sensación de valor y, además, siento que tengo que sacrificar una parte importante de mi identidad. Para mí, eso es un No rotundo. 

Sin embargo, para otra persona cuya forma de aportar sea diferente, y sienta que la estructura donde está no sólo no le resta, sino que le aporta y, sobre todo, le complementa, hacer lo que hago yo podría situarla precisamente en una posición de No Poder.

En lo que respecta a la Maldad, colocarte en una Posición de Poder es fundamental porque ellos siempre van a intentar jugar con tu necesidad. Van a querer que aceptes condiciones que no te compensan o posiciones que no te corresponden, aprovechándose de tu necesidad. O incluso, si ven que en el trabajo no haces las cesiones típicas, van a hacerte la vida imposible. Colocarte en una Posición de Poder hará que la mayoría de sus acciones no te afecten en la medida en que ellos buscan. La Posición de Poder es lo que crea un foso a tu alrededor que te protege.


NO ENTRES

Fuerzas de la Situación (III)

El título de este artículo parece sencillo de aplicar "No Entres", cuando lo habitual es que la mayoría de las personas no entren en casi nada. Pero no hablo aquí de la pasividad, del miedo a equivocarse o del desconocimiento. Cuando hablo de No Entrar, me refiero a una decisión que surge después de ver con claridad la propia estructura y la de aquella con lo que se puede entrar en relación.

Es decir, no entrar no corresponde a una reacción del ego, sino que es una consecuencia de la claridad. Las estructuras de las partes implicadas determinarán después las dinámicas de poder y las Fuerzas de la Situación que aparecerán más adelante.

Hace un tiempo entré en una relación de negocios con una empresa. Sabía que, en aquel momento, mi posición estructural dentro del sector era débil, ya que me faltaba experiencia real en proyectos con éxito, por lo que era consciente de que el acuerdo era desequilibrado. 

Me colocaba en la situación en la que podía perder, fundamentalmente, mi tiempo y mi trabajo. Aunque la empresa también podía perderlos, el coste para ella era bastante menor y sus beneficios potenciales, en caso de haberlos, mayores a los míos.

A pesar de que el acuerdo recogió este desequilibrio, todo lo demás estaba bastante claro, yo representaba una entidad independiente que ejecutaba unas acciones y, si de ellas se obtenía un beneficio, yo cobraba unos honorarios. No había obligación de continuidad por ninguna de las partes, ni de tener que aceptar cualquier tipo de proyecto y, sobre todo, yo era una empresa independiente y soberana en las acciones que tenía que desarrollar.

Sobre papel todo estaba claro, pero justo después de firmar comenzaron a aparecer actitudes y exigencias, por parte de la persona de la empresa con la que me relacionaba, que no afectaban al resultado final de los proyectos. Me daba cuenta de que esos movimientos se dirigían a establecer una posición de poder en la que yo quedaba por debajo.

Entre esos requerimientos se encontraban situaciones que no se correspondían con la relación acordada. Por ejemplo, tener que pasar una entrevista de trabajo cuando el acuerdo ya había sido firmado y yo no formaba parte del personal asalariado de la empresa; realizar acciones que no sólo podían hacerme perder tiempo, sino también dinero, dejándome en una posición estructural muy delicada; y, en definitiva, dejar de ser soberana de mi trabajo para tener que hacer lo que aquella persona quisiera, pero con mi tiempo, mi riesgo y mi dinero.

No era la primera vez que me encontraba con dinámicas de este tipo, sino que más bien estaba bastante habituada. Tenía claros cuáles eran mis límites y no iba a ceder en aquello que me hubiera podido dejar en una posición muy débil, pero la relación siempre se mantuvo en una fricción constante por los intentos de colocarme en una posición inferior al valor y riesgo que sostenía. A día de hoy considero que esta fricción me produjo mucho agotamiento. Tardé tiempo en darme cuenta de que, para trabajar en aquella empresa, la sumisión venía de serie.

A pesar de esto, a lo largo de los dos años que mantuve relación con esta empresa, a medida que el valor que aportaba traía beneficios, los intentos de sumisión por parte de la persona con la que me relacionaba fueron perdiendo intensidad y frecuencia, pero nunca desaparecieron del todo. Por supuesto, esto se manifestó en el dinero, ya que desde el punto de vista estrictamente económico, aunque no tuve pérdidas, no justificó el trabajo y el riesgo asumidos.

Mi error cuando entré a trabajar con esa empresa fue pensar que, si veían el valor que aportaba, mi posición dentro de la relación cambiaría y, como consecuencia de ello, también mis beneficios. Pero cuando el gran proyecto llegó, prefirieron no abrir una negociación que permitiera reequilibrar la relación, a pesar de que realizar el proyecto hubiera resultado en un beneficio económico para ambos.

Más adelante, he tenido contactos con empresas que operaban con esta misma dinámica. De nuevo, intentaban hacerme ver que ellos estaban en una posición superior a la mía, menospreciando el valor de la oportunidad que yo podía traerles. Por supuesto, ahora NO ENTRO. Sencillamente, ya sé que es una POSICIÓN ESTRUCTURAL, que es muy difícil que cambie y que, por tanto, nunca me resultará rentable trabajar con ellos.

Esto es lo que hago en negocios, pero en mi vida cotidiana NO ENTRO (en este caso, no voy) a ningún lugar donde las dinámicas de sumisión forman parte de la normalidad y se dan por supuestas.

Con el tiempo, uno de los patrones que más he visto repetirse en la Maldad es el intento constante de someter (o colocar en una posición inferior) a los que no ceden.


CORTA EL FLUJO

 Fuerzas de la Situación (II) 

A lo largo de mi vida, me he encontrado en muchas situaciones en las que se ha distorsionado la realidad para construir otra que me perjudicaba. Las Fuerzas de la Situación se oponían a mí, pero lo hacían a costa de tergiversar los hechos.

Cortar el flujo significa dejar de participar en esa dinámica. Si van a construir una realidad que no te favorece, en algún momento necesitarán de tu colaboración: que hayas dicho o hecho algo, o que hayas aceptado alguna condición que después sirva para justificar el desenlace que buscan. 

Si dejas de alimentar esta dinámica con tu energía, esas fuerzas en oposición se quedan sin dónde agarrarse. Las dejas sin gasolina.

Siguiendo con el ejemplo del seguro que escribí en el artículo anterior de Traslada el Problema, mi aseguradora negó que los daños en mi vivienda fueran ocasionados por el derrumbe de la casa vecina, pero detecté un PATRÓN en la forma de actuar del seguro y de los peritos: 

1) Necesitaban acceder a mi vivienda y, más tarde, percibí que, durante su visita, no sólo observaban los daños, sino que parecían buscar aquello que después confirmara su relato.

2) La familiaridad con la que se movían dentro de mi vivienda me llamaba la atención. No percibía la actitud de respeto y contención propia de alguien que entra en una casa ajena. Incluso se sentían legitimados para hacer comentarios y valoraciones sobre aspectos que ni siquiera formaban parte del objeto de la visita.

3) No mostraban interés en ver pruebas que podían ayudar a comprender el origen de los daños. En la visita del primer perito intenté enseñarle vídeos de las filtraciones producidas durante la lluvia, pero hizo un gesto con la mano y rechazó verlos.

4) Me resultaba llamativo que algunas preguntas parecían dirigidas a encontrar contradicciones más que a comprender lo ocurrido. En ocasiones me preguntaban por cuestiones que ya había explicado previamente o que tenían una explicación evidente dentro del contexto de los hechos.

5) Me llamaba la atención el interés que mostraban por hablar con la otra parte. Siempre me pidieron sus datos de contacto y, más tarde, observaba cómo su versión adquiría más peso que la mía.

6) Una vez emitido el informe del perito, adquiría un peso determinante para la compañía aseguradora. A partir de ese momento, la valoración técnica se convertía en la referencia desde la que se interpretaba todo lo demás.

Gracias a que "trasladé el problema", mi vecino acabó llamando a su seguro. Sin embargo, yo ya había identificado el patrón anterior tras las tres visitas de los dos peritos de mi compañía, por lo que sabía que necesitaban entrar en mi casa para construir su versión de los hechos. 

También sabía que, una vez dentro, poco más podía hacer. Estaba a expensas de lo que observaran, interpretaran o decidieran incorporar posteriormente a su informe.

Así que puse condiciones a su entrada: que toda la comunicación debía realizarse por escrito, por lo que cualquier pregunta tendría que formularse también por escrito; además, el recorrido por la vivienda debía acordarse previamente, sin posibilidad de ser modificado durante la visita. Con esto evitaba, precisamente, que construyeran una versión de los hechos sin relación con la realidad. 

No hizo falta mucho. En cuanto nombré el primer límite, tanto el mediador como el perito reaccionaron de forma agresiva. Envié mis condiciones por correo, pero nunca las aceptaron ni las respondieron. 

Tras dos meses de escritos y comunicaciones, la empresa de peritaje acabó incluyendo las pruebas audiovisuales de las filtraciones de agua por intermediación de la compañía de seguros.

El procedimiento aún sigue abierto y se encuentra pendiente de resolución, pero no he tenido que defenderme de una realidad fabricada en base a un informe "técnico".

Cortar el flujo es una herramienta estratégica que sirve para evitar que una situación que se opone a ti siga avanzando en tu contra. Al hacerlo, no sólo interrumpes la dinámica que te perjudica, sino que puedes orientar la energía hacia otros cauces que te resulten más favorecedores.

Patrón de conducta de la Maldad

En este caso, la Maldad se manifiesta negando su responsabilidad en los daños, de manera que el coste acaba recayendo sobre quien los ha sufrido.


TRASLADA EL PROBLEMA

Fuerzas de la Situación (I) 

Hace un tiempo, mi vecino derrumbó la casa contigua a la mía para construir otra nueva. A raíz de este derrumbe, comenzó a filtrarse agua en mi vivienda cada vez que llovía. 

Avisé a mi vecino, pero se quitó rápidamente del medio y me dijo que lo gestionara yo con mi seguro.

El seguro lo negó todo. Atribuyó los daños a una supuesta falta de mantenimiento de mi cubierta. Reclamé por todas las vías posibles: que enviaran a otro perito, que consideraran daños que no tenían explicación posible por la falta de mantenimiento, etc. Pero era inútil. Chocaba continuamente contra un muro. Intentaban que reconociera una realidad del todo inverosímil, argumentaban que cómo podía decir que el perito mentía, etc.

Las Fuerzas de la Situación eran claras: unos daños estructurales en mi vivienda tras el derrumbe y unos responsables -el vecino como ejecutor de la obra, y el seguro, con la obligatoriedad legal de responder- que se quitaron del medio. Conclusión: yo asumo el coste total de unos daños que no originé.

Llegué a la conclusión de que no debía de salirles gratis.

Con respecto al vecino, le trasladé el problema: dejó de ser mío y pasó a ser suyo. Hice que el coste de no hacer nada fuera mayor que el de moverse. A partir de ahí, vino a negociar y contrató a un abogado. Conseguí, sin tener que mendigar por ello, que arreglara un muro que había tirado y dejado sin tapar desde hacía casi dos años, y terminó llamando a su seguro para empezar a tramitar los daños en mi vivienda.

Con respecto a mi seguro, me di de baja y presenté una queja ante la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, que fue aceptada y a día de hoy se encuentra pendiente de resolución.

Principios

- El perjudicado es el que tiene el problema la mayoría de las veces, no el causante del problema.

- Si los que tienen que asumir la responsabilidad no lo hacen y no hay consecuencias por ello, no harán nada.

Patrón de conducta de la Maldad

Incluso en los casos en los que la Maldad no origina directamente el daño, esperan que tú lo asumas y que no reclames por ello.


Las Fuerzas de la Situación

Llamo Fuerzas de la Situación a los movimientos que existen dentro de una determinada estructura -empresa, institución, individuo- y que determinan qué acciones se producen y cuáles no. 

Estas fuerzas no tienen nada que ver con la imagen que una empresa o individuo transmite, pueden coincidir o no con esa imagen. Incluso pueden coincidir o no con la percepción que la sociedad tiene de ellos.

Por ejemplo, un servicio municipal creado para defender y apoyar los derechos de las mujeres en caso de violencia. Esta es la imagen que transmite, pero las Fuerzas de la Situación pueden ser otras. Este servicio, en realidad, puede haber sido creado como un acto de propaganda, para proyectar una determinada imagen por parte del partido político que lo originó, sin que exista una intención real de defender nada. En este caso, las Fuerzas de la Situación no se corresponden ni con la imagen que se transmite, ni con la que percibe la ciudadanía. 

Las Fuerzas de la Situación son difíciles de ver porque requieren que la persona que mira se vea a sí misma y elimine cualquier tipo de proyección sobre lo que observa, así como cualquier deseo sobre el resultado que quiera obtener. 

Las Fuerzas de la Situación implican no sólo verlas, sino, sobre todo, sostenerlas. Esta es la parte más difícil. 

Por ejemplo, en un Juzgado en el que de manera habitual el juez titular sobresee denuncias por maltrato. Los abogados que trabajan regularmente en ese Juzgado no es que no vean que prácticamente el total de denuncias por violencia son sobreseídas; lo ven como cualquier otra persona. Lo que ocurre es que no pueden sostener esa Verdad. 

Sostenerla implicaría denunciar a un juez que se encuentra en una situación de poder, arriesgarse a que eso interfiera en casos futuros en ese mismo Juzgado y, por tanto, en la relación con sus clientes; quedarse solos, verse implicados en una demanda por injurias y calumnias; o, simplemente, asumir una realidad que les resulta incómoda.

Por tanto, casi nadie puede ver las Fuerzas de la Situación. No pueden verse a sí mismos, no pueden ver al otro y no pueden sostener la Verdad. 

Pero si quieres plasmar algo en la realidad que no se consigue por los caminos ya transitados, necesitas ver las Fuerzas de la Situación. No porque puedas cambiarlas, sino porque evitará que entres en relaciones o situaciones que son un punto muerto y te permitirá entrar en otras que sí te favorezcan.

¿Qué tienen que ver las Fuerzas de la Situación con la Maldad?

Cuando la Maldad entra en organismos o instituciones, si se le permite, empieza a hacer todo lo contrario de lo que se supone que debe hacer. Las Fuerzas de la Situación, por tanto, comienzan a alejarse cada vez más de la imagen que se tiene de esa estructura.

Volviendo al ejemplo del Juzgado, un malo obtiene una plaza de juez titular. Ha estudiado las leyes y sabe lo que dicen, pero al obtener la plaza se coloca en una situación de poder que le permite actuar con cierta impunidad. 

A partir de ahí, comienza a actuar conforme a su verdadera naturaleza: haciendo todo lo contrario de lo que las leyes establecen, aunque las comprenda perfectamente a nivel cognitivo.